Cantemos un suspiro a Buenos Aires
a sus inquilinos, a sus zapatos gastados
a las ganas de llover cuando caminamos,
a las lagrimas, a los amores en las plazas.
Cantemos fuerte las ganas de llorar
el dolor en el pecho que es la rabia
al fantasma silencioso, ese, del pasado
a ellos, los que se fueron sin poder avisar.
Y bailemos, cantemos, bailemos
como locos por las calles desiertas
junto al murmullo de la ciudad,
con las manos alzadas, y la frente bien alta.
Buenos Aires, este canto, este suspiro
solitario, mirando la lluvia sobre mi rostro
zapateando en los charcos, con un tango bajo el brazo
es un canto triste, mojado y brillantemente loco.
Pablo Campos


2 comentarios:
Se nota que vamos levantando la mira ¡je!
Precioso.
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