Mostrando entradas con la etiqueta Villas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Villas. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de octubre de 2013

LA SEGURIDAD EN MANOS DE LA INSEGUIRDAD

jueves, 3 de octubre de 2013
veo como la inseguridad fue ganando el debate político en Argentina en estas elecciones y me pregunto, como puede ser que la solución sea mas policías, mas prefecutar, mas gendarmeria en las calles? como puede ser que no pasemos al próximo nivel y debatamos que hacer con las fuerzas de seguridad del estado que son uno de los últimos resabios de la dictadura. Como vamos a  mejorar la seguridad cuando planteamos agrandar aquella fuerza que es la principal culpable de la inseguridad? porque no se decide plantear ese problema, que las fuerzas son mafias? pero no solo pedimos mas policía y nos contentamos como sociedad reprimiendo al sector mas vulnerable como aquellos que viven en las villas. Estigmatizamos al pobre y como sociedad con eso nos basta. Muy patético.


Profundizar, ir por mas, es esto también, animarnos a enfrentar estas corporaciones mafiosas. Y digo animarnos en el sentido amplio de la política, animarnos como participes de un movimiento y un gobierno en el cual confiamos que puede dar las batallas que sean necesarias

viernes, 11 de febrero de 2011

Villeros abstenerse

viernes, 11 de febrero de 2011

Por Mara Brawer * - para Pagina/12
A veces basta una frase para dejar al desnudo toda una concepción de la sociedad y la política. En una entrevista reciente, Mauricio Macri expresó que no puede haber agentes de policía oriundos de las villas. Como al pasar, Macri dijo textualmente que no quería que la policía fuera “una salida laboral de emergencia, que el policía vive en la misma villa en la que vive el delincuente”. Y agregó, sin que sus interlocutores atinaran a hacer la más mínima objeción, que “en los países organizados la policía es de clase media”.
Todo el problema de la seguridad se reduce, entonces, a la falta de personal policial de clase media. Las implicancias de este enunciado son gravísimas. ¿Por qué un villero no puede ser policía? Porque la policía está para combatir a los villeros, si aceptara villeros estaría avalando quintacolumnistas en su seno. ¿Por qué, según la lógica de Macri, la policía tiene que combatir a los villeros? Porque están predestinados por la naturaleza a cometer delitos. Están marcados por un destino que no se puede modificar de ninguna manera. El villero lleva en sí un mal incurable y le cabe a la policía la tarea de evitar que ese mal, el delito, se expanda al resto de la “sociedad honesta”. La policía, al permitir que sus miembros provengan de las villas, estaría contaminándose de aquello que en realidad debe extirpar. El corolario lógico de todo este razonamiento es implacable: nada de policías villeros.
Como en las películas de Hollywood, para Macri la sociedad es un mundo de buenos y malos. Los buenos son la gente de clase media, que por supuesto nunca mata a sus familiares a sangre fría, jamás organiza secuestros extorsivos ni falsifica billetes. Del otro lado, los que viven en la ilegalidad. Los que no tienen un título de propiedad, ni un auto, ni veranean en la costa, motivos más que suficientes para que sean considerados sujetos sospechosos.
Todos los días quienes viven en las villas deben lidiar con prejuicios de este tipo. Como en todo prejuicio, en éste también hay mucho de profecía autocumplida. No se les dan oportunidades laborales porque viven en una villa, eso lleva a un proceso de marginación que deriva en adicciones y conductas ilegales que terminan por confirmar y reforzar el prejuicio. Como viene haciendo desde siempre, Macri aporta su cotidiano grano de arena a la consolidación de los peores prejuicios de nuestra sociedad. Ya lo hizo cuando les echó la culpa de la crisis de vivienda en la Ciudad a los inmigrantes. Y ahora nuevamente, dictaminando que, en tanto delincuente por naturaleza, el villero no puede ser policía.
Las políticas de Macri son también una profecía autocumplida. Generan exclusión y las soluciones que propone acentúan el proceso de marginación, en una suerte de circulo vicioso de la exclusión. Recientemente, interrogado por un periodista acerca de si no creía que era exagerado penar a los “trapitos” con la cárcel, Macri respondió: “¿Y qué quiere, que los mate?”. Frente los problemas de la marginalidad y la falta de oportunidades, las únicas dos soluciones que baraja la imaginación del jefe de Gobierno son la cárcel o la muerte.
Hemos escuchado decir muchas veces de parte del oficialismo porteño, sobre todo cuando se refiere a temas de juventud o educación, que es necesario restaurar la autoridad. ¿Cómo respetar, en el aula o la vida política, a una autoridad que margina, que discrimina, que estigmatiza a un sector social? Es difícil construirse como autoridad cuando se predica la intolerancia hacia los más débiles y el odio a la diferencia. Siempre van a surgir resistencias de aquellos que sufren esa autoridad. No se puede pretender que se queden sentados viendo cómo el poder les quita derechos.
Para que los jóvenes vuelvan a respetar la autoridad, primero tiene que haber una autoridad que respete los derechos de todos, que ensanche los horizontes de lo posible. Una autoridad que promueva que desde las villas salgan policías, abogados, maestros, arquitectos y médicos. Que impulse el progreso para todos para que, en definitiva, deje de haber villas. Porque, como quedó bien demostrado durante el funeral de Néstor Kirchner, los jóvenes no repudian a todas las autoridades, sino sólo a aquellas que les clausuran la posibilidad de un futuro digno.
* Subsecretaria de Equidad y Calidad Educativa, Ministerio de Educación.
Related Posts with Thumbnails
 
◄Al cielo un barrilete. Design by Pocket ►