jueves, 6 de diciembre de 2012

Cambiamos la relación de poder

jueves, 6 de diciembre de 2012
Por Santiago O’Donnell y Mercedes López San Miguel


Rafael Correa llega a paso firme a la sala de entrevistas del Hotel Alvear, relajado y de buen humor, encabezando una nutrida comitiva de asesores y encargados de seguridad. Saco azul marino, camisa blanca con bordado étnico y cuello Mao, ojos verdes bien abiertos, saluda, toma asiento, invita a preguntar. Recién presentado como candidato a la reelección frente a una oposición fragmentada y débil, con su reciente notoriedad mundial por dar asilo al fundador del sitio de megafiltraciones Wikileaks, parece un tono más sereno que en su última visita hace dos años, cuando vino a presentar un libro en medio de una fuerte disputa con periodistas de su país por un editorial calumnioso y un libro de investigación sobre su hermano. Antes de almorzar con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y de recibir el premio Rodolfo Walsh de la Universidad de La Plata a la libertad de expresión, contestó corto, conciso y sin fastidio distintas preguntas de Página/12 sobre su relación con los medios, los resultados de su receta económica y cómo erradicar la corrupción. También se mostró como un admirador de la presidenta argentina y del ex presidente Kirchner, expresó su apoyo a los procesos de integración regional, manifestó su rechazo al accionar de los fondos buitre y explicó por qué busca un nuevo mandato presidencial.
–¿La ley de medios de Argentina fue inspiradora del proyecto de ley en Ecuador?
–Probablemente el proceso ecuatoriano empezó antes que el argentino. La Constitución aprobada en las urnas en octubre de 2008 con el 63 por ciento del pueblo ecuatoriano ordenaba como plazo máximo un año para aprobar una nueva ley de comunicación y los medios la han bloqueado sistemáticamente. No conozco a fondo la ley argentina, pero tenemos conceptos claros: por supuesto que se requiere una ley de comunicación para regular y tener control social de algo tan importante como la comunicación –que puede hacer o deshacer sociedades– y dentro de ella, la información.
–¿Por qué la ley ecuatoriana está trabada en el Congreso?
–Porque cuando les conviene, ellos (los medios) son los fundamentalistas de la democracia, están por encima del bien y el mal. Hay un derecho fundamental para la sociedad que es la información. Maravilloso. Si es tan importante, debe haber un control social. Pero al final del día no quieren ninguna clase de regulación ni de responsabilidad, ésa es una doble moral. Caen en la contradicción de que privilegian una ley de la dictadura, donde está todo eso que supuestamente rechazan. Incluyendo un organismo regulador con mayoría del oficialismo, algo que no está en la nueva ley. En cambio, en la ley de la dictadura está el organismo regulatorio, sólo que esa parte de la ley no se cumple, porque toca intereses. Cuidado, estamos hablando de una ley de comunicación, que incorpora medios escritos, audiovisuales, etc.; pero la comunicación no es de los medios, es de los pueblos. Ese es el concepto de la ley de comunicación que se está tratando en el Ecuador y que para desbloquearla en la Asamblea incorporamos una pregunta en la consulta popular de 2011, donde nuevamente el pueblo ecuatoriano ordenó la aprobación de la ley. Sigue bloqueada y esto pone en evidencia la contradicción de los poderes fácticos, que hablan de democracia y de Estado de Derecho cuando les conviene y cuando no, son los primeros en bloquear la manifestación soberana del pueblo ecuatoriano.
–¿Usted no cuenta con mayoría para aprobarla?
–No, tenemos la minoría más grande. Por eso es que se ha podido bloquear. En las próximas elecciones presidenciales y legislativas, que se darán el 17 de febrero, queremos tratar de lograr esa mayoría. Porque no es sólo la ley de comunicación, también está bloqueado el código penal, leyes muy importantes que esperamos aprobar con mayoría propia.
–Se están dando elementos comunes en la relación de gobiernos progresistas con los grandes medios privados. ¿En qué momento se está en la pelea por el control del espacio radioeléctrico?
–Nosotros no estamos peleando por ningún control de medios, ni de espacio radioeléctrico. Queremos tener una verdadera libertad de expresión y una verdadera comunicación social. Existe un conflicto de base: negocios privados con fines de lucro proveyendo un bien fundamental como la información. Si es que al mejorar la calidad de ese derecho disminuyen las utilidades de negocio, por definición prima el bien privado, no el bien social. Es un conflicto que tiene que tener claro la sociedad para superarlo. ¿Cómo se hace? Una forma es democratizando los medios de comunicación, creando medios fuera de la lógica de mercado. Eso significa crear medios públicos, comunitarios, sin fines de lucro. Hay que avanzar en todas esas estrategias. Pero aquí nadie está contra la libertad de expresión. Sí contra el problema latente para la democracia y el Estado de Derecho: el estado de opinión que nos quieren crear negocios privados dedicados a la comunicación, que tienen un poder enorme. Además coluden entre ellos.
–¿Le parece que haber querellado a periodistas le puede estar frenando la aprobación de la ley?
–Probablemente. Pero ése es el mejor ejemplo de lo que estamos diciendo. Que con su poder mediático había una ley no escrita de que estos señores estaban por encima de la ley. En un Estado de Derecho se persiguen delitos, no personas. En el Ecuador había cerca de tres mil juicios por injurias, yo fui denunciado por injurias por los opositores. Nunca se habló de falta de libertad de expresión hasta que se querelló por injurias a un periodista y entonces sí se dijo: atentado a la libertad de expresión. En Ecuador no se persiguen personas, periodistas, bomberos, se persiguen delitos, y todos debemos ser iguales ante la ley. Ahí sí se está rompiendo el Estado de Derecho.
–¿Cuál es su balance sobre lo que hizo y lo que le falta hacer en un próximo mandato?
–Tenemos la responsabilidad de continuar con este proceso que ya es leyenda en Ecuador, que está transformando el país. Las carreteras, las hidroeléctricas, los puertos, aeropuertos, escuelas del milenio, hospitales. Estamos transformando un Estado burgués en Estado popular, cambiando las relaciones de poder. ¿Por qué América latina, teniendo todo para ser la región más próspera del mundo, tiene todavía pobreza y miseria generalizada? La respuesta es compleja, uno de los enigmas del desarrollo. En parte se debe a la clase de poderes que nos han dominado. Colón cuando “descubrió”, entre comillas, a América, se encontró con una región que tenía más recursos naturales, ciencia, todo, y no nos desarrollamos. Parte de la respuesta viene de la clase de poderes que nos han dominado. En Ecuador ya no nos dominan los banqueros, ya no nos dominan las burocracias internacionales como el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Tampoco los países hegemónicos. En Ecuador manda el pueblo, y ése es el punto para el desarrollo. Pero todavía falta, debemos consolidar ese proceso. Tengo que aceptar el reto de ser quien aspira a cumplirlo. Si pudiera haber otra persona que lo garantice más de lo que yo puedo hacerlo, bienvenido sea y me hago a un lado. Mi movimiento político creyó que era yo quien ofrecía más garantías de victoria y tengo que aceptar esa responsabilidad.
–A propósito de los distintos liderazgos en la región, ¿cree que el proceso de integración depende de la permanencia de Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador o Cristina Fernández en Argentina?
–Las personas y los liderazgos siempre son importantes. Sin embargo, yo creo que uno de los grandes avances de la región es que independientemente de la orientación política de los gobiernos –derecha, izquierda–, tenemos denominadores comunes, como la defensa de la democracia y una vocación integracionista. Esa ha sido una agradable experiencia en estos años de gobierno. Independientemente de si Chile tiene un gobierno de izquierda o de derecha, el denominador común es la aspiración a crear la patria grande. Las convicciones y fundamentos en la región superan a los personas y los liderazgos en estos momentos.
–¿Cuál es su opinión sobre el proceso que se está dando en Argentina?
–Es un proceso tremendamente exitoso. Admiro mucho a Cristina, es una mujer extremadamente brillante. Y admiro los últimos gobiernos argentinos, me refiero al de Néstor Kirchner y el de ella. Se recuperó el orgullo argentino, la autoestima que estaba por los suelos. ¡Recuerden lo que fue la época de Menem! A nivel económico, es una Argentina renaciendo de las cenizas como el Ave Fénix, de las cenizas a las que llevó el neoliberalismo. El colapso de la convertibilidad fue un oscuro capítulo de la larga y triste noche neoliberal. Admiro el proceso argentino y a su Presidenta. Admiro también a Néstor, fundador de Unasur, un convencido integracionista. El primer secretario general de Unasur.
–Unasur respaldó la postura argentina de limitar el accionar de los fondos buitre. ¿Qué puede decir al respecto?
–¡Por supuesto! Si eso no hace otra cosa que demostrar la supremacía del capital financiero sobre los pueblos. ¡Fondos marginales! Cuando gana el capital especulativo, ellos celebran; cuando pierden, ahí tenemos que perder todos. Lo que tratan es, utilizando la instancia jurídica –que siempre está en función del gran capital en determinados países al menos–, buscar el máximo de rentabilidad de sus inversiones especulativas. Por supuesto que América latina debe rechazar de forma contundente esas acciones.
–Apelando a su formación como economista, quisiera preguntarle por qué sus dos vecinos, al norte y al sur, lograron resultados macroeconómicos superiores a Ecuador aplicando recetas neoliberales.
–(Se sonríe) Felicito a esos vecinos. Cuidado que el fin último no son los resultados macroeconómicos, menos aún los indicadores neoliberales de la economía ortodoxa. El fin último es el ser humano. Veamos cuánto se redujo la pobreza y se logró equidad, o la propia tasa de crecimiento del empleo. El salario real, también. Insisto: es fácil manipular las cifras macroeconómicas: si yo mañana les digo a las empresas petroleras que vengan e inviertan y se pueden llevar todo el petróleo, verán que triplico la inversión, y duplico la tasa de crecimiento, pero no queda nada en el país. ¿De qué nos sirve ese crecimiento? ¿Cuántas veces los indicadores macroeconómicos son conceptos vacíos? Lo importante es ver la repercusión de esos indicadores en el nivel de vida de la gente. Si usted quiere, incluso para una situación como la de América latina, el continente más inequitativo del planeta, con pobreza y miseria, el mejor indicador de desarrollo y de la calidad de las políticas públicas sería la reducción de pobreza absoluta. De acuerdo con la propia Cepal en su último informe, Ecuador en 2011 fue de los dos países que más redujo la pobreza en la región.
–¿Qué aportaría la incorporación de Ecuador al Mercosur y cómo prevé la dinámica de las relaciones?
–Ya tenemos diferentes relaciones con todos los miembros del Mercosur y creo que sería altamente beneficioso para el bloque tener un miembro con costa en el Pacífico, sería la salida hacia el Pacífico. Por supuesto, para Ecuador presenta ventajas que estamos estudiando, y ciertos riesgos como para ya tomar una decisión definitiva. Hemos sido invitados, nos sentimos honrados y estamos analizando la propuesta.
–¿Qué opina del proceso de paz en Colombia?
–Es de las mejores noticias de los últimos años. Una decisión política histórica y valiente del presidente Santos. Desde Ecuador la apoyamos de corazón y hacemos votos para que el proceso de paz llegue a un fin exitoso y se termine la guerra fratricida en Colombia, una guerra de medio siglo que ha afectado a Ecuador –en vidas, en recursos–, pero sobre todo costó demasiada sangre en Colombia. Para buscar la justicia social hay otras alternativas, ya se derramó demasiada sangre.
–¿Cómo están las relaciones con Estados Unidos?
–Bien, siempre que se desenvuelvan en un marco de mutuo respeto, dignidad y soberanía, maravilloso. Es nuestro principal socio comercial. Yo he vivido en Estados Unidos, es un país que aprecio mucho. Tengo dos títulos en universidades norteamericanas, viví cuatro años con mi familia en Estados Unidos. Fueron años de lo más tranquilos y felices. He sido profesor universitario y siempre me gustó más aprender que enseñar. Me dieron una beca, me pagaban por aprender. Tengo gratísimos recuerdos de Estados Unidos.
–¿Le han dado alguna señal con respecto a las preferencias arancelarias?
–Se renovaron un año. Es algo que debemos superar en la región andina. Cada año vivimos en ascuas a ver si nos renuevan o no. Es una pequeña porción de exportaciones que se benefician para nuestro país. Ecuador es uno de los países más exitosos en la lucha antidrogas, el único país andino sin sembrío de drogas y está en medio de dos de los mayores productores de coca del mundo, Perú y Colombia. Las preferencias arancelarias se crearon en el gobierno de Clinton como compensación a la lucha antidrogas, una lucha que es costosísima. Pero poco a poco se transformó en un instrumento de política exterior: te portas mal, te las quito. Ecuador no se va a someter a esa clase de amenazas. Si nos dan las preferencias, en buena hora; si no, también.
–¿Cómo se combate la corrupción?
–De muchas formas. La lucha contra la corrupción no es sólo del presidente, es del pueblo. Y América latina ha sido muy tolerante con la corrupción. Si un vecino asume una función pública y al poco tiempo vemos que adquiere bienes que no puede justificar, no podemos aceptarlo. Debemos ser los más duros autocríticos, hemos tenido antivalores y hemos sido tolerantes con diferentes formas de corrupción como la mentira. Es antinatural la mentira, y es parte de este problema. Si un político miente en otras partes del mundo, no gana ni media elección. Si un periodista miente, pierde su trabajo. La lucha contra la corrupción es de todo un pueblo, no sólo de los políticos. Por supuesto que hay estrategias muy concretas para esa lucha, como las leyes para evitar el enriquecimiento público y privado también. En eso estamos. Se aprobó en la consulta popular sancionar el enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos y también del sector privado, si no puede justificar de dónde proviene su ganancia. Hay que transparentar las compras públicas, se pueden aplicar muchas políticas de transparencia. También se necesita de un Poder Judicial honesto y que sancione. Pero, sobre todo, que haya conciencia en la sociedad, que exista una sanción moral.
–¿Y la ejemplaridad?
–Por supuesto, el ejemplo deben darlo los líderes.

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